DESEMBARCO EN LA RIOJA

La esencia de La Rioja, como región y como denominación, radica en la diversidad, de tierras, de climas, de cepas, de paisajes…y por tanto de vinos. La tradición es la diversidad.

Antes de llegar a conocer la región del Rioja desde dentro yo me había creado una impresión de cómo debía ser. Una zona del viejo mundo con larga tradición en el cultivo de viñas y elaboración de vinos. Tradición que se remontaba a la misma época de los fenicios; el infinito para quien viene de una nación de tan reciente construcción. Mi opinión se había formado gracias a mis estudios de enología y a la cata de algunos muy singulares vinos finos tradicionales. Al desembarcar en la región me sorprendió además, por su viva fuerza, por su tamaño – me refiero a la enorme extensión de hectáreas plantadas de viña respecto de la propia extensión de la región – y… por la monotonía en la clasificación de los vinos en función de su tiempo de envejecimiento en pequeñas barricas de 225 litros de capacidad. Aunque desde el año 2.017 el Consejo de la Denominación ha introducido una nueva forma de clasificación de los vinos basado en la indicación geográfica de su procedencia.

Una vez afincado aquí, ya fue posible la amplia cata de los vinos generalmente accesibles. Compruebo que éstos proceden en su mayor parte de bodegas que basan su modelo de negocio en economías de escala, en el que tienen difícil cabida las pequeñas bodegas que se esfuerzan en obtener calidad como resultado natural de la propia viña, y de la diversidad de suelos, climas y cepas, y no de la tipificación del producto; la consecuencia de aquel modelo es la pérdida de expresividad y riqueza y por ende de calidad y autenticidad de los vinos. Pueden ser buenos, muy buenos e incluso excelentes, pero resultan demasiado similares y monótonos si se piensa en las asombrosas viñas que aún se pueden encontrar a todo lo largo de la región.

Digo “aún”, aunque después de varias vendimias y elaboraciones en nuestra pequeña nave, me temo que la mayor parte de esos viñedos se han perdido, o se están perdiendo en esa apuesta por una política de grandes cantidades, grandes mezclas, grandes depósitos, grandes cifras y pequeños precios que no responden al verdadero valor del producto. No obstante a medida que gano experiencia en la región y me muevo más entre sus límites me reafirmo en la convicción de su enorme diversidad y potencial para la creación de finos y sorprendentes vinos, en los que obviamente la calidad es el presupuesto. Esta es la sincera intención que nos anima a MacRobert & Canals.