El genio de la botella Miguel Ángel Aguirre Borgallo

El libro del que os hablaré hoy se titula “EL GENIO DE LA BOTELLA” “Un relato que descubre el secreto del buen vino”. El autor es MIGUEL ÁNGEL AGUIRRE BORGALLO. Editado por “Lo Que No Existe” 1ª edición Julio 2013.

Se trata de un panegírico dedicado a María, que es tanto el nombre de un vino, como el de la persona que se lo concede. María del Yerro fundadora, con su marido Javier Alonso, de Viñedos Alonso del Yerro, bodega y tierras ubicadas en Roa, en la denominación de origen Ribera del Duero. “A Javier y María, genios inspiradores de esta obra”, reza la dedicatoria.

Dase el caso de que los conozco de época en que vivían en Logroño ocupándose de las Bodegas Samaniego, ocupación que abandonaron para arriesgarse en Laventura de una bodega estrictamente familiar. Muy similar a la nuestra mutatis mutandis (“Quien no se aventura no ha ventura”). No solo los conozco, sino que también he podido disfrutar de su hospitalidad y generosidad tanto en su casa de aquí como en la de allí. De modo que no me sorprende que merezcan un libro de 189 páginas.

Respecto de su proyecto podemos contar con la explicación que la misma María nos ofrece. Verdaderamente ella también hubiera podido figurar en el libro de Tras las viñas del que nos hemos ocupado en entregas anteriores, pero solo trece fueron los elegidos. En el libro que ahora nos ocupa tiene una ligera participación presencial, pero sus palabras aquí proceden de otro libro que en el futuro será merecedor de su correspondiente recensión, que es PALABRA DE VINO El placer de una grata conversación hasta apurar la botella, de vino naturalmente, que el periodista MANUEL VILLANUEVA mantiene con una serie de personajes más o menos famosos o conocidos.

“Entendemos la bodega y sus quehaceres como un desarrollo del ámbito familiar”. Esta afirmación es el punto espiritual de partida. Que se materializa con el nacimiento de Viñedos Alonso del Yerro en el año 2002 mediante la adquisición de la tierra en sitio próximo a Roa de Duero. Los viñedos serán nuevamente bautizados con imposición de nombres referidos a sus hijos. En el ámbito familiar son introducidos desde el principio prestigiosos enólogos que comulgan con su espíritu: “el vino se hace en el viñedo”: Gonzalo Iturriaga, Stéphane Derenoncourt, Lionel Gourgue….

A continuación viene la construcción en los viñedos de la bodega y su casa adyacente y después la expansión a Toro… Sin embargo, “el 2011 fue un año de crisis especialmente complicado para nosotros. No dudo que el accidente cardiovascular que sufrió Javier al año siguiente fuese consecuencia de ello”. Es el momento en que María debe tomar las riendas y exteriorizar toda la resistencia y tenacidad que lleva dentro. No fue suerte, sino previsión del espíritu, el que pudiera recibir entonces el impagable apoyo de su hijo Miguel ingeniero agrónomo quien se incorpora como director general del proyecto. Proyecto hoy consolidado ¡Chapeâu!

Volvamos al libro que nos ocupa. Éste es el fruto del tropiezo de un genio, el genio del vino de nombre Tempranillo, instalado en una botella de María 2006, con su afortunado bebedor que resulta ser un ilusionado aspirante a escritor. Ilusión que se colma gracias a la ayuda de Musa, naturalmente, el genio de la literatura, convenientemente estimulada por su primo Tempranillo. Éste inspira la pasión del vino, la primera el arte de trasladarla al papel. Sin narración nada es historia. Y la historia se desparrama por mil vericuetos todos ellos conectados con el placer del vino, de la conversación y de la amistad. Su sola lectura ya nos hace bien; queda al particular criterio de cada lector, como de cada bebedor, el apreciar el método y valorar los méritos.

Aquí nos interesa lo que nos enseña sobre el vino y puede enriquecer nuestra conversación en torno a él. Tempranillo, el genio, no concede aladinos deseos –ni ofrece taimadas tentaciones como “el diablo en la botella”-; es algo mucho más grande, es “un gran contador de historias”.

El tal genio ha vivido siempre vinculado a la Ribera del Duero desde su primer trabajo en el mosaico de Baños de Valdearados unos 2.000 años ha.

(Inciso: Baños de Valdearados se encuentra en la parte de Burgos de la Denominación de Origen Ribera del Duero. Quien acuda hoy a la Villa Romana para ver el Mosaico de Baco, verá una réplica realizada mediante impresión fotográfica de alta calidad sobre un soporte papelgel, en tono un poco más oscuro que las teselas originales, ya que el mosaico original fue saqueado en el mes de diciembre del año 2011, llevándose los ladrones, previo su destrozo, la escena principal “El Triunfo de Baco” y dos escenas menores de caza en las que se representan a los dioses Euros y Zephirus.)

Nuestro genio, por métodos naturalmente geniales, se ha ido trasladando, al compás de los tiempos, de un arte a otro, de un receptáculo a otro, hasta acabar en sucesivas botellas, siempre la del mejor vino de su época. La última de la que naturalmente da cuenta el libro es la dicha María 2006. La penúltima de que se enorgullece fue un Vega Sicilia Único de 1965. (Acaso el genio con tanto trasiego haya perdido algo de memoria y no recuerde que esta botella era de cosecha 1940, si bien embotellada en 1965. De ésta se pudo beneficiar también el autor de estas líneas en circunstancia memorable del año 1978, de la que guarda por tanto imborrable memoria, paso del tiempo incluido. Tal parece que Tempranillo olvidó también convocar en ningún momento a su prima a la celebración).

El tono elegíaco del empeño nos lleva a leer sin tan siquiera enarcar una ceja que tal vinculación del genio es debida a que se trata de la mejor región vinícola del mundo. Limitándonos aquí a España, es desde luego cierto que hasta hace no demasiados años, Ribera y Rioja se disputaban el honor de ser la mejor región vitivinícola, al menos por cuanto a los vinos tintos se trataba. Debate en el que evidentemente se identificaba la calidad con el particular gusto de cada cual. Hoy tal dicotomía ha quedado superada -felizmente, al menos para los consumidores-, por la presión de las entidades autonómicas, que han definido sus propios mercados vinícolas internos al calor de “lo nuestro”. Mercado de proximidad que ha propiciado un notable incremento de la calidad de los vinos en todas ellas. Lo cual significa el incremento de la biodiversidad en viñas y en vinos del que todos nos beneficiamos.

Claro es que ello tiene su peligro y es que se pretenda hacer de la diversidad factor de identificación y como consecuencia de diferenciación. En nuestro libro se cuenta una discusión de autobús al respecto de si la uva “tinta de Toro” es un varietal autóctono de tal zona o si es una variante de la uva tempranillo como consecuencia de su adaptación a esa región, singular y por ende diversa (aunque seguramente no por mucho más que razones de suelo y clima). Tal discusión de enorme nimiedad, terminó tan lamentablemente como suelen terminar todos los debates de afirmación identitaria, con un corte de mangas, o una peineta, mientras el dolido se bajaba del autobús, como argumento aparentemente irrefutable de la realidad de su diferencia.

(*Más madera sobre la “tinta de Toro”: Bryan nos cuenta que la viña que cultiva en Lanciego en el “Paraje de la Virgen” –viñedo singular que da su nombre al vino que de allí resulta-, “fue plantada justo después de la filoxera (el registro oficial indica el año 1920, pero pudo ser antes dada la ausencia en la época de Consejo Regulador) y creo que podría ser una de las primeras que se plantó después de esto. Es interesante porque se produce la mezcla de variedades e incluso la mezcla de clones dentro de una misma variedad. Aquí, por ejemplo, no tengo el tempranillo habitual que se conoce en Rioja, sino el de Toro.” Tal parece que en determinadas zonas de esta denominación el suelo arenoso impidió el avance del insecto).

https://nuevecuatrouno.com/2022/09/13/diario-vendimia-el-restaurador-de-vinas-bryan-macrobert/

El libro termina su celebración con una cena de amigos en la que se da cuenta de tres botellas de María 2009. Compradas éstas unas horas después de aquella de 2006 en la que viajaba el genio no se alcanza a entender muy bien la diferencia de añadas, salvo por la circunstancia de que esta última iba a ser objeto de cata profesional en la misma tienda a los pocos momentos de la compra, en la que incluso la María persona estuvo presente. Os transmito los siguientes detalles y notas de cata de su folleto introductorio:

“Añada 2009: Una añada en el puro estilo ribereño.

Un invierno frío, una primavera seca, un verano muy cálido y seco permitieron una viticultura muy sana y poco intervencionista.

A partir de septiembre las temperaturas frías por la noche optimizaron la maduración de la uva al nivel tánico y aromático.

Una gran añada, madura y completa que permitió a la uva expresar plenamente las virtudes de nuestro terroir.

“Cata: Floral (violeta), fruta negra (cereza negra, mora) con madera armoniosa en nariz (marrón glacé, garrapiñadas)

La boca potente tensada hasta el final por el frescor de la caliza, con un punto casi salado sobre taninos sedosos que recuerdan la mineralidad de las parcelas de origen.”

En todo caso, esa diferencia de añadas nos ha venido muy bien, pues quedaban por casa precisamente algunas botellas de María 2009, una de las cuales hemos abierto para brindar, toda la familia, por el éxito de la aventura de los Alonso del Yerro, al par que por el de Laventura propio.

Personalmente soy más del espíritu machadiano de “amar los mundos sutiles”, pero debo añadir que en ningún momento anterior este vino me ha parecido tan excepcional como en ese brindis, trece años después de su embotellado. Es curioso, exactamente el mismo lapso de tiempo que pasó para la cata del Vega Sicilia. Larga vida al vino y a todos nosotros.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *