Según la AEMET el mes de abril de 2021 ha sido, en su conjunto, un mes normal tanto en precipitación como en temperatura. El décimo abril más cálido del siglo XXI, el vigesimonoveno mes de abril más seco desde 1961, y el undécimo del siglo XXI.

La temperatura media en la España peninsular fue de 12,0 ºC, valor que queda 0,6 ºC por encima de la media de este mes (periodo de referencia: 1981-2010). La anomalía de temperatura en La Rioja fue casi inapreciable.

En cuanto a precipitaciones, la media caída sobre España peninsular fue de 63,4 mm, valor que representa el 99 % del valor normal del mes (periodo de referencia: 1981-2010). Aunque debe observarse que fue muy seco en la cornisa Cantábrica y Navarra y desproporcionadamente húmedo en la Comunidad Valenciana y región de Murcia. Consecuentemente también fue seco en la tierra del Rioja, situándose el porcentaje de precipitación en aproximadamente un 75% de la media de aquel período.

 

 

(Aunque también se apunta en el informe que el cambio de metodología de medición iniciado en septiembre 2020 puede implicar diferencias significativas en los resultados respecto de los obtenidos con el anterior método).

Es obvio que cuando dividimos el año en meses para contaros las labores que durante ellos hacemos en los viñedos no estamos fijando citas perentorias e inexcusables. Es la naturaleza la que fija el calendario al que debemos adaptarnos.

Preparadas las cepas mediante la poda y las tierras mediante su desbroce y limpieza, lo que como sabéis nos ocupó los meses pasados, toca esperar a que la vida (la viña) se abra de nuevo paso misteriosamente. Esta es nuestra labor esencial del mes de abril.

Otoño e invierno dejan las cepas en un primer estado de latencia. Esta es conocida como endolatencia. Los días más cortos y las temperaturas más frías inhiben el crecimiento de los brotes asegurando un equilibrio hormonal. Las yemas quedan como dormidas. Pero internamente van preparando lo que se llama el “desborre”, que en esencia es la hinchazón de la yema que preludia el retorno de la vida y la reiteración anual de todo el ciclo vegetativo que culminará con los racimos. Cuando la yema ha adquirido esta facultad entra en el segundo período que es llamado de ecolatencia; las vides ya están listas para brotar. Que esta brotadura se produzca depende de la actividad de las raíces y esta a su vez de las temperaturas del aire y del suelo, así como del agua en este presente.

 

 

En definitiva es el calor, o más bien la ausencia de frío por no exagerar, el que devuelve la cepa a la vida. Y como toda vida esta es arriesgada. Fundamentalmente en esos momentos primerizos el riesgo radica en la posibilidad de heladas, lógicamente por tanto cuanto más temprano es el desborre mayores son los riesgos de bajas temperaturas.

Este año, con las temperaturas cálidas en febrero, las vides salieron de la ecolatencia antes de lo habitual, las raíces comenzaron a activarse antes de lo normal, tomando agua y nutrientes que luego condujeron a un aumento en la presión de la turgencia en las yemas, lo que resultó en una ruptura de brotes más temprana. Brotes tiernos muy sensibles a las temperaturas de congelación del agua, por debajo de la cual, esto es cero grados centígrados, morirán, y con ello obviamente el fruto que hubiera podido ser. No es raro que un viñedo que ha sufrido heladas solo produzca el 10-15% de su producción esperada lo que a nadie se le oculta es un riesgo económico muy grave.

 

 

Así pues durante el mes de abril estuvimos permanentemente pendientes de las temperaturas, atentos a la necesidad de tomar medidas que disminuyeran el riesgo de las heladas. Afortunadamente estas no se produjeron. Sin embargo nuestro trabajo no fue solo este sufrimiento interior, también iniciamos las labores de espergura. El DRAE atribuye el “espergurar” a Rioja y la define como: “Limpiar la vid de todos los tallos y vástagos que echa en tronco y madera, que no sean del año anterior, para que no chupen la savia a los que salen de las yemas del sarmiento nuevo, que son los fructíferos”.

Con ello damos inicio a los llamados “trabajos en verde” que nos habrán de ocupar los meses siguientes en tanto las uvas no cambien ese color. Os los iremos contando.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *