Continuamos con la lectura del libro de Josep Roca e Inma Puig, Tras las viñas. Volvemos al viejo continente. Y a las regiones donde el vino se hizo mito: Burdeos y Borgoña (siempre por orden de aparición). Quizás no nos suenen los nombres de los personajes entrevistados, pero sin ninguna duda lo serán las bodegas que representan.

CHRISTIAN MOUEIX Bodegas Jean-Pierre Moueix, Pomerol, Burdeos, Francia. “Un paseo por las nubes”.

El salto de California a Burdeos resulta astronómico en cuanto a conceptos aunque tiene ida y vuelta.

 

 

Hablamos ahora nada menos que de Pétrus, la quinta esencia del Pomerol, en la “margen derecha” de Burdeos. Nos referimos a la segunda generación de una bodega familiar, a Christian Moueix, al cargo de las bodegas fundadas por su padre, Jean-Pierre. (Ya se sabe el tópico de las bodegas familiares, la segunda generación es la de la consolidación, la tercera la de la liquidación. Los negocios no pueden soportar los proindivisos familiares; el Código Napoleónico y su sistema de legítimas, vale decir cuotas obligatorias en favor de determinados herederos,  tiene bastante que ver con eso).

 

Amén de Château Pétrus, en el libro encontramos también historias de las segundas marcas Château Lafleur Pétrus, Trotanoy y Château Hosanna.

Así como el viaje de vuelta al Dominus Estate que Christian Moueix fundó en 1982 precisamente en Oakville y precisamente también bajo la guía de Robert Mondavi, pero quedémonos aquí con la vieja tradición.

Pomerol es en esencia arcilla más merlot.

Prestemos atención a las palabras del “winemaking” –más viticultor que enólogo por vocación- , que enlazan muy bien con las últimas de nuestra entrega anterior:

El vino es un mensaje. Por eso yo no busco la perfección sino la armonía. La perfección es algo abstracto, y la armonía es algo concreto”.

Definitivamente la armonía:

La armonía es la clave para obtener la calidad, es algo muy difícil de alcanzar en la vida. Requiere mucha sabiduría para lograrla. Va más allá del equilibrio entre las partes.

<La armonía sobreentiende la elegancia>, esa sería mi definición.”

¡Ah la perfección! Esa aspiración tan destructiva de lo intrínsecamente humano, aunque sea tan humana su aspiración. Aspiración legítima, e incluso puede que inevitable, pero también inevitablemente alteradora de la armonía del cosmos. ¿Puede la humana imperfección apreciar la perfección del vino?

La armonía pone al hombre por encima de la técnica, y lo apega al terreno:

“…es una búsqueda de armonía entre la cantidad y el potencial de calidad”, “proporción entre el volumen de la cosecha y el calor del verano.”

Al respecto, es hermosa la historia de que en el año 1973 empezó a cortar uva en época temprana de su maduración, temeroso de que por la cantidad que apuntaba la buena maduración fuera imposible. Se ganó el reproche generalizado, y singularmente la condena airada y excomulgatoria del párroco “por tirar al suelo la obra de Dios”, aunque quizás también el reconocimiento del futuro como “poda en verde”.

El vino es el ensamblaje perfecto (aquí sí) entre hombre y naturaleza.

Concedo mucha menos importancia a un enólogo que a un viticultor… El viticultor es el creador, y el enólogo es la comadrona”.

Una nube que pasa en el momento de la vendimia, un poco de lluvia a la hora de vendimiar y la calidad disminuye”.

La técnica debe ayudar no interferir. Al respecto también, es famosa la anécdota de que para evitar esa pérdida de calidad, se mantenía con su helicóptero encima de las viñas para secarlas después del aguacero, aunque después recurrió a sopladores de aire, al comprobar que el agua que las hélices retiraba de las hojas con su soplo vertical venía a caer sobre los racimos.

Y mucho más para disfrutar de la lectura, cuestiones sobre biodinámica, sobre virus, sobre valor y precio, sobre pozos de drenaje para evitar los encharcamientos…

Y continuamos con la esencia de Borgoña:

LALOU BIZE-LEROY Domaine Leroy. Domaine d´Auvenay. Vosne-Romanée, Borgoña. Francia “Las viñas felices”.

Borgoña suma de terruños.

Acudimos de la mano de una mujer que es ya también un mito. Madame Marcelle Bize-Leroy En las últimas palabras de la entrevista autorizó a los autores a llamarla Lalou, aquí nos tomamos la misma libertad (ya no es un nombre, es una categoría). Sangre de vino borgoñón de muchas generaciones, négociant y distribuidora de vinos, cogerente del mítico Domaine de la Romanée-Conti al que abandonó oficialmente en 1991, para dedicarse a sus Domaine que había adquirido unos añas atrás.

Trescientas cincuenta hectáreas de terreno suman entre los dos “Domaine”, de las cuales ciento ochenta son de cultivo, y el resto bosques; y de aquellas, ciento cincuenta hectáreas de viña, repartidas en 46 parcelas, con 26 appellation d´origine; más aún, en Auvenay en tan solo cinco hectáreas se producen 16 de las dichas 26 denominaciones.

La sublimación de la Pinot noir.

Fincas en “biodinámica”. Aunque bien nos precisa:

“La<biodinámica> como concepto no quiere decir nada. La biodinámica implica respeto a la naturaleza y vivir con la viña, saber qué es lo que necesita, intentar comprenderla y ponerse en su lugar”.

Y darle lo que necesita, pueden ser infusiones o decocciones, o incluso “aceites esenciales” (“orégano, canela…”), incluso “homeopatía”. Pero sin caer en el “misticismo”, sin negarse a reconocer que la “medicina”, que en los humanos es también química, es no menos necesaria en los vinos:

Amo demasiado a los vinos para hacerles correr cualquier tipo de riesgo. Pero es cierto que con los vinos podemos tener la sensación de que, si no llevan azufre, son como un niño sin vacunar”; no rehúye pues el azufre en el vino: “una solución del cinco por ciento en el trasiego y de un dos o tres por ciento en el embotellado no es mucho, pero es algo. Es necesario, es como si un cirujano fuera a operar sin lavarse las manos con alcohol”.

Amor a la naturaleza y sentido común.

Ahora son los autores quienes hablan:

Sus blancos son opulentos, bondadosos, suntuosos, con acidez y energía precisas, mientras que los tintos se envuelven de densidad viscosa, nervio agarre y exuberancia frutal como pocos.”

Quedémonos con estas referencias, a falta de pan, puesto que son vinos exclusivos y, por su precio, a menudo inaccesibles.

El precio es una forma de mostrar respeto por el vino. Estos vinos se lo merecen. Cada uno tiene su propia personalidad”.

Beata illa, que puede ponerlo en práctica.

2 comentarios
  1. Pablo Larrañeta
    Pablo Larrañeta Dice:

    Magníficas reflexiones sobre la perfección, la armonía y la tierra, con el vino como lubricante de la filosofía que la convierte en poesía. Muy sugerente artículo.

    Responder

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.