Tras algunas lecturas de índole sesuda apetece una más liviana, menos exigente si se quiere, más llamada al goce despreocupado que a la concienzuda atención. Sucede lo mismo respecto de toda materia, así con el vino sin ir más lejos. Tras un período de vinos concentrados, densos de estímulos exigentes, vinos acaso más ligeros o menos cargados de intención, que ofrecen su natural historia de sabores y aromas con limpidez y transparencia, pueden resultar extraordinariamente gratificantes (y no necesariamente menos sugerentes).

Todo ello resulta patente durante la lectura del libro a la que ahora os animamos. Es LA BODEGA, obra del escritor americano NOAH GORDON, de la que manejo la primera edición en español publicada en octubre de 2007 por Roca Editorial de Libros S.L. Por una peculiar anomalía en el tránsito natural de los anglicismos, debida sin duda al afecto que el autor siente hacia todo lo español, la versión original inglesa es asimismo THE BODEGA. Una vez más rendimos en estas letras póstumo homenaje.  Nuestro autor falleció el 22 de noviembre de 2021.

LA BODEGA, obra del escritor americano NOAH GORDON.

No vamos a hallar en el libro cultalatiniparla. Al autor no se le encuentra en la lista de grandes escritores, sino en la de escritores más vendidos. Pero nadie desdeña su extraordinaria capacidad para contar historias y singularmente para reproducir el ambiente en que tales historias suceden. El ambiente incluye tanto el contexto social como las circunstancias fácticas; desde el régimen jurídico, cultural y costumbrista hasta aromas y colores. Además resulta imbricado en el relato con la naturalidad en que se viven; nada suena a impostado o pretencioso, no se interrumpe la narración y la lectura resulta así fácil y absorbente. Ello explica éxitos universales como la saga de la familia Cole que abarca desde la Persia del siglo XII, a los pescadores escoceses o la Norteamérica de la guerra civil y de los últimos escarceos con los indios indígenas, en los tres libros de El Médico, Chamán, y La doctora Cole.

Otros libros escritos por Noah Gordon: El Médico, Chamán, y La doctora Cole.

Precisamente por el conjunto de novelas históricas nuestro autor obtuvo el Premio Ciudad de Zaragoza en 2006. Previamente había obtenido los Euskadi de Plata en 1995 y 2000, por dos de sus obras. Circunstancias que amén otras explican su amor por España, del que este libro es expresión.

Narra la historia de un joven, que debe huir de España por circunstancias azarosas, o digamos políticas, quien tras pasar una larga temporada en Francia, donde trabaja en una bodega y ejerce el oficio de viticultor, siente el impulso y la necesidad de volver a España, cuando le alcanza la noticia de la muerte de su padre. Se instala en su pueblo natal en el que se hace cargo de la viña familiar. Poco más cabe añadir a la historia que no se siga del título del libro, y nada que no se intuya de antemano se estropea por decir que naturalmente termina bien. Lo de naturalmente se refiere a lo que es de esperar de un libro que ha generado tal éxito de ventas. El adverbio no sería apropiado a la realidad que a muchas bodegas les toca vivir. Al menos en esta ficción el tesón, el trabajo, el amor y la honestidad son premiados y el vinagre transmutado en vino. Disfrutemos del libro, del vino y de la esperanza que nos transmiten.

Sucesos transcurridos entre los años 1870 y 1876: Revolución llamada la Gloriosa, caída de los Borbones, ascenso de Prim, la Revolución Industrial, Amadeo I de Saboya, etc.

La historia transcurre entre los años 1870 y 1876. Se apunta como circunstancia desencadenante de la situación social, la desfachatada progresía de Fernando VII, que al recuperar la sucesión femenina para el trono de España había provocado las iras de su hermano Carlos, y con ello el comienzo de las guerras carlistas. Ahí está el fermento, que se añade a otros fermentos previos; circunstancias más próximas a la historia son la Revolución llamada La Gloriosa de 1868, caída de los Borbones, ascenso de Prim al gobierno y nombramiento cono rey de Amadeo I de Saboya, y la reacción que todo ello produjo.

La historia se desarrolla en dos regiones de larga tradición vitivinícola (Languedoc y Penedés), respectivamente en un pueblo real (Roquebrun) y un pueblo inventado (Santa Eulàlia, obvio homenaje a la santa patrona de Barcelona), aunque realmente la parte francesa queda casi en pura anécdota, no en vano el libro es un homenaje a España.

La historia de Noah Gordon se desarrolla en gran parte en este pueblo, Roquebrun.

La zona vitivinícola de Languedoc, suele tratarse en el mismo espacio que la de Rosellón. Esta última es la zona fronteriza con Cataluña, y aquella su extensión hacia el Norte hasta topar con las montañas del macizo central que marcan mucho su clima. En conjunto suman un tercio de todos los viñedos de Francia, lo que es mucho decir, y tiene fama por su diversidad, por sus buenos vin du pays, y por su falta de vinos de fama mundial. Que quizá no necesita pues parece bastarle el consumo local. El pueblo Roquebrun está situado al noroeste de la ciudad de Bèziers, en un amplio meandro del río Orb. Forma parte de la AC de Saint Chinan. Aunque dotado de “cave” no se encuentra citado en las guías entre los vinos especialmente recomendables. De la región se dice que es la menos burocrática de todas las “appellations controllées” francesas, lo que favorece que abunde la experimentación, y la posibilidad de hallazgos sorprendentes. Puede corresponder a su natural herético, es notorio que allí se desarrolló la herejía albigense. La región fue devastada por la filoxera, circunstancia que influye decisivamente en la trama de nuestro libro. Es fácil adivinar que del mismo modo que en la tierra del Rioja, Cataluña se viera frecuentada por sedientos franceses necesitados, antes de que el insecto traspasara los Pirineos.

Paisaje en la zona del Penedés.

No es difícil deducir, aunque no recuerdo sea nombrada, que la región vinícola en que se ubica el inexistente pueblo de Santa Eulàlia es el Penedès. Resulta evidente de la orientación y distancia de los viajes de nuestro protagonista a Barcelona, Sitges, Vilanova, Casteldefels…. La obviedad pasa a ser certeza por la propia confesión del autor en las páginas de agradecimientos que cierran el libro.

Sara Pérez y a la derecha la familia Torres en sus viñas.

Estas páginas son tan emotivas como la historia que han contribuido a pergeñar, y nos dan idea del esfuerzo del autor por informarse del ambiente de la época y de la verosimilitud de los detalles. Para ello aparte de sus lecturas recurre a especialistas. No se trata tan solo del vino -para lo que cuenta con consejeros tan reconocidos como la familia Torres en el Penedès, o la familia de Sara Pérez en el Priorat-, sino para  todo el contexto: circunstancias históricas en general y biográficas de Prim en particular; fe y concepciones católicas y sus prácticas en temas como entierros, pecados y penitencia; revolución industrial e introducción de las máquinas de vapor en la industria textil; vida en los pueblos, la caza y la mejor manera de cocinar el conejo o saber en qué parte del jabalí se encuentra la mejor pieza de carne; prácticas populares desde el sentido de las campanadas, a la contratación de plañideras; el trabajo de la madera y elaboración de puertas y toneles. Deja constancia de su agradecimiento a todos los expertos que le han ayudado. Y nos cuenta lo aprendido sin afectación, como elementos naturales que surgen de la propia historia. Su lectura nos atrapa También las buenas historias están detrás de los grandes vinos.

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